Las cosas son como son. ¿Realmente estás seguro?

¿Cuántas veces has asegurado algo categóricamente? ¿Cuántas veces has estado seguro de que tenías razón y luego te has dado cuenta de realmente no es así?  

Tus creencias conforman la manera en la que ves el mundo.  Como apuntaba Echeverría, “no sabemos cómo las cosas son, sino solamente lo que nosotros observamos y cómo nosotros interpretamos la realidad”. La capacidad de observación es un punto importante para aumentar nuestras posibilidades de acción. Abrir nuestra observación amplía los horizontes de nuestra experiencia y de los datos con los que cuento para la toma de decisiones.

Tendemos a pensar que nuestra percepción es la propia realidad, sin embargo, aquello que percibimos pasa por el tamiz de nuestros juicios y nuestras creencias, de tal manera que el resultado final no es “lo que es” sino lo que yo “creo que es”, es decir, como yo interpreto las cosas que suceden. 

Las creencias son asunciones que hacemos sobre cómo las cosas son. Mis creencias son el resultado de mi bagaje por el mundo, de mi entorno familiar y de los mensajes que he recibido en la infancia, de las experiencias que he tenido a lo largo de la vida, de mi emocionalidad, del entorno cultural donde vivo o de mis orientaciones espirituales. Puedo contar con creencias potenciadoras que me ayuden a poner en marcha mis objetivos o bien con creencias limitantes que coarten mi capacidad de actuar. Las creencias limitan la capacidad de pensamiento racional, ya que ofrecen atajos que me guían una y otra vez hacia las mismas soluciones y por tanto hacia una misma forma de actuar.

Fuente: Tablero de ajedrez de Adelson. Licencia Imagen

¡Sé perfectamente lo que he visto! ¿Cuántas veces recuerdas haber pronunciado esta frase?, totalmente seguros de que lo que hemos visto es la realidad. Los sentidos no engañan, y en base a lo que veo, a lo que oigo, tomo decisiones.

Pon en duda tu capacidad de observación con este ejercicio visual. ¿Qué piensas si te digo que las casillas A y B son del mismo color? ¿Imposible verdad? Mis ojos no me engañan y se ve claramente que A es una casilla gris oscuro y B gris claro. ¿Verdad? ¿O no? Puedes descargar el archivo que hay al final del post, ábrelo y coloca el recuadro de color encima de cada una de las casillas, A y B. ¿Sorprendente? ¿Qué hubieses apostado a que eran diferentes?

¿Qué es lo que realmente podemos afirmar?

Tal vez este pequeño ejercicio nos haga reflexionar sobre la importancia que tiene la capacidad de observación y la validación de las conclusiones que sacamos. Tanto en el ámbito personal como en el profesional emitimos juicios constantemente, siempre sobre la base de nuestros valores y creencias. Esto nos puede llevar a cometer errores de percepción, a sacar conclusiones precipitadas sobre situaciones, personas o mensajes.

A veces, en el ámbito profesional jugamos en un “tablero de ajedrez” que pensamos conocer perfectamente. Estamos seguros de que vemos correctamente los colores de cada casilla, que sabemos interpretar las situaciones y a las personas. Me temo que esto no es así. Todo en la vida tiene mil matices, e incluso cuando pensamos estar en posesión de la verdad, tan solo es nuestra forma de ver las cosas.

¿Qué situaciones identificas en las que te has precipitado en sacar conclusiones? ¿Has tenido alguna situación dónde pensabas que conocías perfectamente el tablero y luego has descubierto otra realidad? ¿Qué te aporta este post?

¿Realmente estás seguro? Descarga el archivo, ábrelo y comprueba los colores de A y B situando encima de cada uno de ellos el cuadrado.

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