¿Cómo influyen nuestras conversaciones en la innovación?

En el libro El ADN del Innovador Dyer, Gregersen, y Christensen se refieren a la capacidad que tienen los líderes para hacer preguntas poderosas, como una de las habilidades clave para la innovación. Las preguntas poderosas son aquellas que tienen un carácter abierto y pueden generar reflexión en nuestro interlocutor. Preguntar de forma abierta ofrece un sinfín de posibilidades de aprendizaje a ambas partes y si en la conversación se generan insights, puede ser una forma de detonar el proceso innovador en la organziación. Hacemos preguntas abiertas para descubrir y cerradas para validar lo que pensamos que ya sabemos.

El lenguaje, la forma en la que nos comunicamos forma parte de la cultura de la organización y por tanto se convierte en un elemento activo de la innovación. Si bien preguntar es importante, la declaración que abre paso al cuestionamiento no es otra que la de ignorancia. Cuando alguien asume que no sabe, da un paso firme para la búsqueda, la indagación y el descubrimiento.

Los equipos que son capaces de decir “no sé” establecen con la propia declaración el objetivo de buscar ese conocimiento que les falta. El equipo que no tiene la valentía de asumir que no sabe, sigue anclado en sus viejos paradigmas, tratando de justificar su falta de conocimiento y paralizando la innovación y el cambio. 

Pero si reconocer que no sabemos es difícil, admitir el error se convierte en algo casi imposible en las organizaciones. A nadie nos gusta reconocer que nos hemos equivocado, básicamente porque está penalizado. Sin embargo, esta declaración abre un potencial inmenso a innovar. Cada error se convierte en una posibilidad de mejora, de cambio o de transformación. Además, asumir el error como parte del aprendizaje refuerza la cultura innovadora y construye organizaciones orientadas a la búsqueda de soluciones en vez de culpables. Innovación, riesgo y error van de la mano.

También el líder puede utilizar la satisfacción o el agradecimiento como forma de influir en la innovación. Cuando el líder reconoce y agradece, afianza el desempeño de quien lo recibe, creando una cultura que favorece el logro y el progreso, frente a quien opta por la inacción.

Pero si hay una declaración vital para la innovación es la de la propia identidad que queremos construir de la organización a través de compartir una misión o propósito y la manera de conseguirlo. Esto crea un relato que moviliza a la acción, al cambio, aumenta el compromiso y crea una cultura común para aquellos que piensan que esa declaración se puede convertir en realidad.    

Así que pensemos que el lenguaje crea realidades, y la realidad innovadora también se construye a través de nuestras conversaciones.

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